Florencia Cazenave
sábado, 7 de abril de 2012
Incongruencia de los tiempos
Me pareció verla, otra vez, pero era tan real, las palabras fluían,
reacciono como yo esperaba que reaccione, nuestros ojos se encontraron tantas
veces como yo había deseado. Aquello que espere tantos años nunca paso, yo
desperté de esa fantasía, y su cuerpo se desvaneció, las palabras que nos
habíamos dicho se fueron como hojas con el viento, ese todo que creía tener,
que creía por fin haber logrado se convirtió en nada. Habían pasado cuatro
horas desde que me dormí, y con ella solo había pasado veinte minutos, quince.
El tiempo era injusto con nosotros, cuando estaba con ella o cuando la
recordaba, el tiempo no existía, no lo podía medir, no importaba el tiempo, por
eso no existía; ahora que se fue, yo tengo un reloj en mi muñeca, y cuento
cuantas horas me faltan para esto o aquello, los minutos son cruciales, todo se
basaba en el tiempo, vivo cuando el reloj me dice que es hora, y me desvivo
cuando me lo indica también. Todos organizamos nuestras vidas, teniendo en
cuenta el tiempo, pensamos en ser felices logrando cosas. Pero te das cuenta de
cuando sos feliz cuando no te das cuenta que pasa el tiempo, porque no te
importa, pasa todo rápido y te das cuenta de que termino cuando te das cuenta
de lo rápido que paso, sin que pudieses hacer nada para evitarlo.
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